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Cid & Fabi en Chicago.
By (" CID ")
Octubre de 2009
Todo empezó un año antes, era un principiante en esto de los maratones y el azar quiso que corriese el maratón de NY, la experiencia me pareció tan increible que me llevó a correr sí o sí otro de los grandes de EE.UU. al año siguiente, Patricia prefirió que fuese Chicago en lugar de Boston. Desde diciembre empecé a chequear la web del maratón de Chicago esperando a que se abriese el plazo de inscripción, que finalmente se retardó hasta febrero tras rumores de falta de patrocinadores por la crisis financiera.
Conté con la suerte de que "Yotambienmeapunto" Fabi se animase a correr el que ya sería su cuarto grande en tan sólo 2 años y allá que nos lanzamos los dos a representar a todo un club como Run2Chema, parecerá una chorrada, pero el llevar "la roja" implica muchas cosas, por un lado en los momentos duros del maratón te ayuda a saber que no estás sólo (llevo el nombre de todos vosotros serigrafiado en la espalda de mi "camiseta de los 5 grandes") y por otro temes "cagarla" repesentando al club.
Otro aspecto muy positivo del viaje ha sido conocer a Alicia y Fabi, un auténtico placer viajar con ellos.
Bueno, al grano ya, aterrizamos en Chicago, dejamos las maletas y nos fuimos directamente a por los dorsales a la expo, el servicio de autobuses de la organización es rápido y cómodo. Fotos de rigor, alguna compra que otra y todo listo. De los maratones que he corrido hasta ahora ha sido el mejor organizado, además de contar con salida y llegada en el centro de la ciudad . Cena en un italiano, nunca me pido pasta con salsa en un restaurante los dos días previos, en este caso no seguí esta norma autoimpuesta y me pasé una noche en vela acordándome de la puñetera salsa marinera picante.
Mañana del maratón, la salida era a las 7:30, quedamos en el hotel de Fabi a las 6:45. Subimos a su habitación a ver las vistas de la salida, estaba en un rascacielos con panorámica alucinante del primer km, la salida a 500 metros y se pasaba por un túnel justo por debajo del hotel, nosotros calentitos (fuera se estaba a 3 bajo cero y con viento) y viendo cómo se caldeaba el ambiente. Media hora antes bajamos, dejamos la bolsa en el ropero, meadillas de rigor y a los cajones, intentamos salir los dos juntos desde el primero, salvamos los dos primeros controles pero el "together, together" no nos sirvió para pasar el tercero, abrazo, suerte y a sus puestos.
Sólo esperamos en el corral 5 minutos, la salida fue perfecta, sin ningún agobio ni apretones, me pegué al grupo de tres horas "hasta que petase", no había liebre de 3:05 y quería intentar mejorar mi 3:08 anterior, los Garmin en Chicago se vuelven locos en las millas 1 a 3 y 11 a 13, por lo que recomendaban llevar liebre hasta la media. Hacía mucho frio pero los primeros kilómetros fueron geniales, por el centro de la ciudad, con animación total y rodeados de rascacielos, había varias liebres de 3 horas, cada una con una táctica de carrera distinta, que desconocía y no me interesaba ni preguntar, la verdad es que yo pasaba de una a otra según me encontrase en ese km.
En la milla 4 ó 5 ya había entrado en calor y me deshice de guantes y gorro.
En la 7 paso a un corredor con bandera de España en la espalda, le grito "¡vamos figura!" en el momento no contesta pero ya en la 8 se me pega y me pregunta "¿de dónde eres? ¿cuándo has llegado a Chicago? ¿cuántos maratones llevas este año?..." yo no quería ni hablar, en NY no paré de animar, hablar y dar las gracias y la final no podía ni subir el pulgar para agradecer los ánimos, contestaba intentado parar la charleta pero cuando me pregutó que a cuánto iba y le dije que quería hacer 3:07 me dijo "¡me voy contigo!", no sabía cómo parar la conversación, para colmo era de Villaviciosa, conocía a los Martínez, a un montón de populares afincados en Las Rozas, etc... él iba a correr el maratón como "entrenamiento muscular" (todavía no sé qué significa) de cara a NY tres semanas después y tras hacer 3:03 en Berlín 3 semanas antes, era su sexto del año. En la milla 10 se descuelga y sigo con el grupo de 3 horas, el seguir una liebre es comodísimo, no miraba el Garmin más que muy de vez en cuando para seguir las pulsaciones, si bien el ritmo era un poco más rápido del aconsejado.
Milla 10,5 y ahí estaba nuestra bandera enarbolada por Alicia y Patricia, primeros ánimos y a seguir tirando. Pasaban las millas y la sensación era muy buena, como si de un entrenamiento se tratase, cabe decir que Chicago es plano plano y que en ningún momento te ves forzado a cambiar el ritmo lo más mínimo, alguna vez daba el viento de cara o de lado pero poco más.
El agua y Gatorade de los avituallientos estaba helada y costaba mucho tomarla, al igual que los geles, de los 5 que llevaba sólo logré tomar 3, pero bueno, todo seguía genial y deseando que llegase la milla 20,5 para volver a ver a Patricia, pensaba en intentar mantenerme en el grupo hasta ese punto pero sólo aguanté hasta la 20, sin embargo, a diferencia de otras veces, el bajón no fue brutal sino paulatino, "sólo" quedaban 6,2 millas para meta, las 4 siguientes eran las más escasas de animación y al salirme del grupo me quedé un poco en tierra de nadie, es en esos km cuando le das vueltas al coco, te das cuenta de la dureza de lo que estás haciendo y las piernas no cesan de mandar órdenes de parar, pero de repente ya estás en la milla 25, la cantidad de gente animando es brutal, vuelves a ver la zona de rascacielos muy muy cerca, la meta casi se palpa... y para colmo sabía que Patricia estaría con la bandera en la 20,6, y ¡ahí la veo! al final de una calle del tamaño de la Castellana a la izquierda del todo y yo teniendo que ir a la derecha, pero... ¡menudo subidón! Patri salta la valla ante la mirada atónita de los polis y viene corriendo hacia mí e incluso me acompaña unos 100 metros gritándome como una loca, la poli seguía sin dar crédito hasta que reaccionó y fueron a sacarla, las pulsaciones se me pusieron a mil, la felicidad era total, encaré la recta final de unos 400m ondeando la bandera con orgullo, mucho orgullo y disfrutando del momento, crucé la meta sintiéndome el tío más grande que podía haber en ese momento, ese cúmulo de sensaciones simultaneas imposible de explicar hará que sea un recuerdo imborrable.
Pero como no todo podía ser perfecto, al pararme nada más cruzar la meta mis piernas se volvieron de palo y casi no podía andar, empecé a sentir un frío de narices, foto de "finisher", retirada de chip, un plátano, una cerveza de la que sólo pude dar un sorbo y a por mi bolsa al ropero, y ahí en la cola me encuentro con el de Villaviciosa, que había hecho 3:14 (10 minutos más que yo) y había llegado antes a por su mochila sin yo haber parado de andar, me preocupé un poco, de repente me empiezo a marear y me tumbo en el suelo, "mi colega" me lleva mi bolsa y espera a que me recupere, me levanto y voy al punto donde había quedado con Patricia, Fabi y Alicia, al pobre Fabi le dije que si yo llegaba antes le intentaría pasar la bandera antes de que cruzase meta pero me fue totalmente imposible. Me llama Patri al móvil, intento contestar pero no puedo mover los dedos, me veo las manos moradas, camino hasta el punto de encuentro y la veo, nos abrazamos y me empieza a dar un pequeño tembleque, una fisio me ve y viene a por mí para llevarme a una camilla, los escalofríos cada vez eran más fuertes y llama a un médico para que me lleve a una epecie de hospital de campaña que habían montado, cuando llegué ya me estaban esperando con una silla de ruedas (ya sabemos todos lo exagerados que son los yankees), a Patri no le dejan pasar y se queda agobiada fuera, me pesan, me hacen varias preguntas y me tumban en una cama, me empiezan a forrar de mantas, conté hasta 7, me forran la cabeza con otra, pasan a tomarme la temperatura, el pulso y la tensión cada 5 minutos, me dicen que temgo hipotermia y que es muy importante que les avise si siento que deliro lo más mínimo, me hacen constantemente las mismas preguntas para ver si siempre contesto lo mismo, la temperatura no sube, me rodean de radiadores, los médicos me ponen sobre las mantas su abrigos personales, me mandan tomar sopa caliente sin casi poderme incorporar, les pido que avisen a Patricia que estoy bien pero se niegan, después de insistirles varias veces ceden y me dicen que ya han hablado con ella, tras media hora mi cuerpo recupera su temperatura normal (había entrado con 34,5 y ya estaba en 36,5), pido irme, me supervisan nuevamente y acceden, firmo, me dan el parte médico y salgo. Y... menudo momento, mi pobre Patri me abraza llorando como una magdalena, lo había pasado fatal y estaba bastante asustada. El abrazo y beso que me dió fue mi mejor recompensa ese día, el próximo sin susto...
Pregunto por Fabi, me dice que ha llegado genial y que ya estaba en la ducha, encontramos un taxi y nos fuimos, duchazo y a celebrarlo los 4 juntos, acabamos en un Rainforest Café celebrándolo como niños y sin parar de hacernos fotos con la bandera, por cierto la gente en Chicago flipaba con ella, se creían que Fabi y yo éramos quienes habíamos corrido todos los maratones.
Tiembla Berlín.
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